Introducción
En pleno Siglo XXI, en nuestro planeta Tierra se dan hechos insólitos, absurdos como es el caso de que hay países que afrontan guerras, mueren miles de personas en luchas armadas y lo que es más abominable, que se recluten y usen a los niños para pelear.
En otras épocas, las principales víctimas de la guerra eran los soldados. Sin embargo, en la última década, se estima en 1.5 millones el número de niños y niñas muertos en conflictos armados. Otros 4 millones han quedado discapacitados, tullidos, ciegos o han sufrido lesiones cerebrales. Al menos 5 millones se han convertido en refugiados y 12 millones más se han visto desarraigados de sus comunidades. Un número mucho más grande ha sufrido un deterioro de su salud, nutrición y educación como resultado de la destrucción de las cosechas, infraestructuras, centros de salud y escuelas a causa de los conflictos.
El caso de Iraq
De acuerdo a un informe reciente de Save the Children (Salven a los Niños), desde la primera Guerra del Golfo en 1990 hasta el 2005 el índice de mortalidad infantil en Irak aumentó en un 150 por ciento para niños de menos de cinco años. He aquí otras estadísticas entristecedoras: En 2005, según dice el informe el último año con información disponible, 122,000 niños iraquíes murieron antes de los 5 años de edad. Eso representa 125 muertes por cada 1,000 niños. En contraste, el índice en Estados Unidos es de sólo 7 por cada 1,000. Asimismo, la cuarta parte de los niños que padecen una supuesta pulmonía no son vistos por los doctores porque sus padres no pueden pagar los gastos. Casi la mitad de los niños menores de 5 años que tienen diarreas no recibe el tratamiento oral de re hidratación. En general, más de la quinta parte de los niños iraquíes sufren de problemas de crecimiento graves o moderados. Sólo la tercera parte están vacunados al día contra enfermedades que se pueden prevenir. Más de un cuarto de los partos ocurre sin ayuda médica. En los cuatro últimos años de guerra, el índice de mortalidad infantil ha incrementado en un 37 por ciento.
En parte, la mortalidad infantil ha aumentado porque el sistema de servicio de salud de Irak se ha debilitado mucho desde la invasión estadounidense. Antes el orgullo del país era gozar de los mejores servicios médicos en el Oriente Medio. Pero ahora en muchas clínicas y hospitales el equipo médico e incluso los suministros médicos más básicos no existen o son muy escasos. En muchos sitios sólo hay electricidad por unas horas al día. Muchas veces los anestésicos se acaban y las operaciones se hacen sin ellos. Y los doctores también están escaseando. La Asociación Médica de Irak recientemente calculó que al menos la tercera parte de los 40,000 médicos de Irak han dejado el país. Cada día la Asociación Médica de Irak emite de 30 a 50 certificados profesionales a doctores iraquíes... certificados que son necesarios para trabajar en el exterior.
Otras causas comunes de muertes infantiles son las enfermedades que se pueden prevenir y las ocasionadas por la falta de agua potable y la falta de un sistema de alcantarillado viable. De acuerdo al Ministerio de Recursos del Agua, sólo el 32 por ciento de la población iraquí tiene acceso a agua potable y el 19 por ciento a un buen sistema de tratamiento de aguas residuales. Los niños se ven obligados a bañarse en aguas contaminadas y otros deben de beberlas también, con el resultado de que comúnmente se muere de malaria y diarreas.
Hablando de Palestina
En los estudios realizados sobre la infancia en Palestina, los expertos han llegado a la conclusión de que los niños, cuando nacen, no son considerados seres individuales, sino que ante todo son palestinos, que forman parte de una historia y de una causa común y representan las esperanzas y sufrimiento de su pueblo. Los niños palestinos, no tienen la oportunidad de elegir, tienen que asumir una situación que les viene dada. Se les educa para combatir a su enemigo, que puede aparecer en cualquier momento.
Una de las consecuencias de este fenómeno, es el debilitamiento de los pilares de la sociedad. Es decir, de la familia, de la escuela, de la comunidad, de la sanidad y de la economía. Muchos de estos niños, además, se ven involucrados en enfrentamientos, convirtiéndose, en muchos casos, en el blanco de los ataques.
Consecuencias en los más pequeños
Como consecuencia de su exposición a la violencia, los niños sufren importantes alteraciones psicológicas y graves trastornos mentales, enfermedades que son motivo de vergüenza y rechazo, y para las que no existen ni centros ni recursos adecuados. Además, los familiares ni pueden ni saben afrontar estas situaciones. Se ha demostrado la fragilidad emocional de los niños ante situaciones de amenaza, miedo, violencia o inseguridad, siendo común en ellos reaccionar de forma violenta o evitando exteriorizar sus sentimientos y el contacto con los demás. Todo ello les suele llevar a conductas conflictivas como pueden ser escaparse de la escuela, robar o amenazar a otros niños. Entre la población esta población existe complacencia y, en algunos casos, negligencia en el uso de niños para la lucha callejera. Se usa la fuerza de forma indiscriminada, lo que da lugar a un altísimo número de víctimas.
Algunas soluciones
La Convención de los Derechos del Niño que reconoce los derechos civiles, económicos, políticos, sociales y culturales, en su artículo 38 establece que ningún niño que no haya cumplido los 15 años de edad deberá participar directamente en hostilidades o ser reclutado por las fuerzas armadas. Todos los niños afectados por conflictos armados tienen derecho a recibir protección y cuidados especiales.
Hasta la fecha se han conseguido algunos logros:
- En mayo de 2000, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó un Protocolo Opcional a la Convención de los Derechos del Niño en el que se establecen los dieciocho años como la edad mínima para la participación de niños en hostilidades. Aunque dicho protocolo prohíbe a las fuerzas no gubernamentales el reclutamiento de menores de dieciocho, permite a los estados establecer una edad mínima para el reclutamiento voluntario, que no tiene por qué llegar a dieciocho años.
- La Carta Africana de los Derechos y el Bienestar del Niño y la Organización Internacional del Trabajo, establecen los dieciocho años como edad mínima para el reclutamiento. Esta última hace una llamada para eliminar el reclutamiento obligatorio de niños en conflictos armados.
- El Estatuto de 1998 del Tribunal Penal Internacional definía como crimen de guerra el reclutamiento y participación de niños menores de quince años en grupos armados (gubernamentales y no gubernamentales).
- Para la policía y fuerzas militares de todo el mundo, las Naciones Unidas establecen la edad de dieciocho años para los responsables del mantenimiento de la paz, y se recomienda que la policía civil y los observadores tengan al menos 25 años.
Para concluir, son más de 300.000 los niños y niñas que siguen participando y luchando en conflictos armados. Existen millones de menores que se ven obligados a ser refugiados o desplazados, que sufren los efectos de la guerra tanto física como psicológicamente. Según estudios realizados sobre niños de todo el mundo que se han visto afectados por conflictos armados, cuando tienen acceso a un programa de rehabilitación e inserción, suelen mejorar, pero nunca acaban liberándose de las secuelas del horror vivido. El daño que se les produce suele ser irreparable. Por esa razón, las distintas organizaciones que defienden los Derechos Humanos y de la Infancia siguen trabajando para evitar que los menores se vean implicados en las guerras.
Itzayana Martínez lechuga
Ma. Fernanda Mejía Salinas
Bibliografía
· http://www.savethechildren.org/site/c.8rKLIXMGIpI4E/b.6115947/k.8D6E/Official_Site.htm